lunes, 14 de junio de 2010

Ensayo sobre el consumo innecesario

La construcción de un mundo hedonista y el dinero como fetiche son dos temas que nos preocupan profundamente, ya que estos causan también influencia en nuestras ideas gracias a la corriente de la moda creadas por empresas que desean que nuestro consumo sea masivo. Sobre estos dos temas, llevaré a cabo un análisis que implicará ideas secundarias las cuales apoyarán mi opinión. El objetivo de este ensayo, es dar a conocer al lector la realidad del día a día e influir en su toma de decisiones de manera positiva.

En la sociedad actual las necesidades van aumentando de manera progresiva, por lo que podríamos decir que los gastos de empresas en estudios de “marketing” y publicidad han sido tan efectivos que han llegado a influir en nuestras vidas de manera brusca e incluso radical fomentando el consumo innecesario de ciertos bienes. La tentación sufrida por el individuo común al ver esos productos en la televisión tan tentativos y a un precio tan accesible, han hecho de éste, un consumidor sin límites, ya que lo que compra hoy habrá ya “pasado de moda” para mañana. Este concepto de la innovación y el cambio inmediato de interés ha provocado gastos que el individuo no puede pagar y por ende pide un crédito a las casas comerciales que por su parte lo hace pagar el doble.

Debo admitir que es un privilegio poder gozar de los productos que se nos ofrecen, pero siempre y cuando tengamos los medios para sustentarlo y sea una compra inteligente considerando el presupuesto disponible como lo haría, ya que todo el sistema está basado en que si no puedes pagarlo inmediatamente, tiene una gran gama de formas distintas de cómo poder obtener el objeto o servicio tan deseado. Esto trae en consecuencia un nuevo tema, que gracias al consumo ilimitado se ha convertido en el factor más importante, hablamos del DINERO. El uso dinero se puede interpretar de dos maneras distintas, para dos tipos de persona distintas.

Cuando hablamos de la reproducción del dinero, nos referimos a una actitud positiva frente al consumo, ya que por lo menos el sujeto es capaz de “recuperar” lo que ha gastado siendo un motor para la economía, pero de los hedonistas quienes consideran el dinero como una fuente de vida, que les hace realidad sus sueños y los lleva a un nivel superior de placer sólo por el hecho de tener un profundo contacto con lo material, yo diría que su actitud frente a la economía es absolutamente destructiva y amenazadora; como ya lo hemos vivido con la reciente crisis de 2008 en la cual gracias al exceso de créditos otorgados, la economía “trapeaba el suelo”. Otro problema de este estilo de consumidor, es decir, el hedonista, sería que la innovación provoca una desvalorización de su objeto casi inmediatamente, como dice brillantemente Tomás Moulian “Los bienes en general tienen un ciclo de vida: Llega un momento en que no pueden cumplir sus funciones, que pierden vigencia como objetos útiles o se deterioran de una manera parcial o global”, provocando un nuevo consumo y un nuevo crédito (cuando el sujeto no es capaz de compensarlo, como veremos posteriormente).

Si observamos con claridad, cuando el prototipo hedonista no posee los medios necesarios para satisfacer económicamente lo deseado, desesperadamente se auto crea problemas económicos que posiblemente lo acarrearían a la quiebra, iniciando el conocido “juego de la bicicleta”. Considerando que un 3,5% de la población chilena está endeudada con deudas por línea de crédito bancaria y otro 7,9% en crédito de consumo en banco o institución financiera (Gobierno de Chile, subsecretaría de previsión social), es sorprendente poder afirmar que los estratos más altos pertenecen a un porcentaje más elevado de endeudados respecto a los niveles socioeconómicos mas bajos.

En consecuencia, podemos decir que la creación de este mundo hedonista, nos induce a realizar transformaciones en algunos de nuestros intereses, provocando una desviación nuestro sentido hacia el consumo, llevando el objetivo inicial de la necesidad, hacia el despilfarro.

Esto no sólo afecta al ser humano en sí, sino también provoca un efecto negativo en las personas que lo rodean, como bien dice el dicho: “una manzana podrida ensucia todo el resto y pudriendo la manzana vecina se bota todo el cesto”.

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